Motivar al alumnado es garantizar su éxito educativo

Artículo extraído de http://ined21.com/motivar-al-alumnado-es-garantizar-su-exito-educativo/?platform=hootsuite

En ocasiones, cuando programamos, echamos mucho tiempo en planificar objetivos, contenidos, actividades… pero se nos olvida una pieza clave de la programación que es la motivación, aun a sabiendas de que la motivación depende mucho de nuestro buen hacer en los grupos a los que estemos acompañando en la educación.

No podemos olvidar que también el docente debe estar motivado para educar, amar su profesión, capacidad de innovación, adaptación a los nuevos tiempos, buscar estrategias para que su alumnado se sienta bien en clase…, con estas importantes premisas podemos decir que estamos en el camino de hacer que el alumnado aprenda.

La motivación es una palanca que se mueve en cada persona y la predispone hacia el acto de aprender, sintiendo por ello un gran bienestar personal ante el esfuerzo que le suponga el aprendizaje. Es algo personal, por eso no podemos estandarizarla, aunque hay tramos de edad que se sienten motivados por los mismos parámetros y esto nos puede facilitar la tarea a la que nos estamos enfrentando con respecto a la motivación.

Si el alumno o la alumna está motivado llegará al aprendizaje significativo y estará incrementando su poso cultural, no estudiará solo para los exámenes porque le van a poner una nota, estudiará por el placer de aprender y saber, dando pasos hacia su formación integral como persona.

Nos comenta Martínez-Salanova que la motivación “Es el interés que tiene el alumno por su propio aprendizaje o por las actividades que le conducen a él. El interés se puede adquirir, mantener o aumentar en función de elementos intrínsecos y extrínsecos. Hay que distinguirlo de lo que tradicionalmente se ha venido llamando en las aulas motivación, que no es más que lo que el profesor hace para que los alumnos se motiven”.

A través de Jesús Hernández conocí la infografía de Mía MacMeekin en la que nos habla de la necesaria motivación en el alumnado y nos propone 27 ideas para fomentarla :

1. Comparte tu historia con tus estudiantes
2. Incorpora al estudiante en su aprendizaje
3. Despierta la curiosidad sobre un tema
4. Elimina recompensas extrínsecas
5. Crea una clase libre de notas

6. Pregunta a los alumnos lo que les motiva y luego aprovéchalo
7. Reta a tus estudiantes a encontrar una nueva solución a un viejo problema
8. Fomenta formas creativas para resolver una tarea
9. Utiliza equipos o grupos
10. Elogia a los estudiantes por sus logros significativos

11. Practica lo que enseñas
12. Juega a un juego que enseñe los mismos principios
13. Descubre tu pasión
14. Descubre la pasión de tus estudiantes
15. Da tiempo para que el proceso suceda

16. Demuestra, ejemplifica, describe, y compromete a tus alumnos con un propósito
17. Añade energía a lo que estás haciendo
18. Crea un nuevo ambiente para la creatividad
19. Establece metas que alcanzar y muéstralas
20. Crea tareas que los estudiantes decidan realizar

21. Permite a los estudiantes medir su progreso durante el proceso
22. Crea un ambiente de confianza
23. Crea un espíritu de clase
24. Anima a participar en servicios comunitarios
25. Deja que los estudiantes tengan elección, en lo que hacen, cómo lo hacen, y cómo evaluarlo

26. Comparte lo que está sucediendo en el aula
27. Incorpora vidas e historias de los estudiantes en la clase

Nos encontramos en ocasiones con alumnos y alumnas “desmotivados” a los que no les importa nada aprender ni crecer como personas, yo diría que desmotivados para la vida, en estos casos el trabajo se nos pone más difícil pero no imposible. Más bien podríamos decir que no les interesa nada de lo que se intenta que aprendan en la escuela ya que sus intereses son otros. En todo caso lo primero que debemos hacer es acercarnos a ellos y sus circunstancias, ver qué les preocupa, por qué han llegado a esa situación, en qué entorno viven, cómo es su familia… Si personalmente contactamos y partimos de sus intereses, podremos hacer algo con ellos y ellas porque nos darán pistas para poder reaccionar como acompañantes en su educación.

Luis C. Álvarez Niño nos presenta el tema de la motivación en un vídeo muy explicativo, conciso y claro

Motivación en los alumnos.

Parece que el nuevo dilema educativo tiene que ver con descifrar de algún modo las nuevas modalidades de estar y sentirse motivado, las novedosas razones que resultan motivadoras hoy para los estudiantes. A partir de ello, las propuestas pedagógicas de los docentes deberían atender a estos cambios y variaciones en las formas de aprender y enseñar. Así lo manifiestan Bonetto y Calderón en su artículo “La importancia de atender a la motivación en el aula” en la revista Psicopediahoy de febrero de 2014.

Como conclusión, apuntamos que la motivación debe estar presente tanto en el profesorado como en el alumnado para que el acto educativo lleve a un aprendizaje relevante y significativo, en el que las dos partes se sientan satisfechas y supongan una superación personal.

Saludos cordiales
Dolores Álvarez (@peralias)


Fuentes consultadas

La sorprendente verdad… Totemguard
La motivación en el aprendizaje. Martínez_Salanova
27 ideas para fomentar… de Mia MacMeekin, a través de Jesús Hernández
Vídeo de Luis C. Álvarez Niño
Revista Psicopediahoy

Anuncios

Motivar a tu hij@ en los estudios

¿Cómo motivar a tu hijo en los estudios?

¿Cómo motivar a tu hijo en los estudios?© Depositphotos.com/Andresr

 Muchos padres están realmente preocupados porque sus hijos se encuentran desmotivados en los estudios: no hacen los deberes, no prestan atención en clase, no tienen interés por sacar buenas notas… Parece que, a estos niños, todo lo relacionado con los estudios les resulta indiferente. ¿Qué hacer para motivar a tu hijo con los estudios?

¿Cómo motivar a tu hijo en los estudios?

En primer lugar, ten presente que no todo depende de los padres: no está completamente en tus manos conseguir que le guste estudiar, y menos de un día para el otro. Hay muchos más factores que están influyendo en la motivación académica de tu hijo: su entorno escolar (compañeros, profesores, ambiente en el centro…), sus ideas de futuro profesional, sus expectativas académicas, su propia personalidad, su situación emocional presente… En una edad de importantes cambios vitales y en la que se da una progresiva adquisición de autonomía, no es de extrañar que otros asuntos (socializar con amigos, primeros amoríos, diversión y descubrimientos) le resulten más interesantes que plantarse delante del libro de texto a hacer deberes o estudiar.

Respeta los intereses de tu hijo

Por eso, es habitual que los hijos pasen por un momento de “crisis” con respecto a los estudios, pero tras algunos años algunos niños recobran de forma natural el interés y la curiosidad por aprender y estudiar. Otros, por el contrario, prefieren dedicarse a otras actividades no relacionadas con lo intelectual pero igualmente respetables que les motivan de una forma más intensa. Es importante tener en cuenta que no todos tenemos interés por lo mismo: existe una inmensa variedad de opciones, y cada uno es bueno en lo que le gusta. Aun así, los jóvenes tienen capacidad para comprender que es muy recomendable terminar la formación escolar mínima para tener una mayor amplitud de oportunidades de trabajo, siempre sabiendo que nadie les va a obligar a continuar estudiando en el futuro si no es eso lo que desean hacer.

Consejos para motivar a tu hijo en los estudios

A continuación, trabajaremos algunos consejos para motivar a tu hijo en los estudios (¡o por lo menos, no desmotivarle aún más!):

– Proporciónale un buen espacio para estudiar. Parece una tontería, pero no lo es. Un espacio acogedor y organizado, sin distracciones (móvil, ordenador, juegos… ¡fuera!), ordenado y limpio, bien iluminado, con un escritorio amplio y despejado de cosas inútiles es mucho más motivador que un lugar incómodo donde sólo colocarse para estudiar ya es un esfuerzo añadido. Si tu hijo estudia en la cama o en alguna parte de la casa donde haya factores distractores (como la cocina, el salón, o en el caso de que comparta habitación), te propongo crearle un espacio especial para él que le invite a sentarse a estudiar como un “adulto maduro”. Además, proporcionarle un sitio exclusivo de estudio es un símbolo mediante el cual le estás transmitiendo: “Tú tienes derecho a tener tu espacio, y yo respeto que lo que tú haces, que es estudiar, es algo importante y merece ser valorado”.

– Ponte con tu hijo delante de un papel donde esté la lista de sus asignaturas, y ve preguntando por ellas una a una, escuchando lo que el niño tiene que decir de todas ellas. Es importante que estés enterado a fondo de cuál es su situación en cada materia: dónde ve las dificultades a nivel de temario, si ha tenido algún problema con el profesor, si posee un bloqueo especial con esa clase (como puede ser la educación física), si ha habido algún tipo de conflicto… Es positivo que tu hijo sienta que estás al tanto de su situación y que conoces a fondo cómo se desenvuelve en el colegio, y así pueda informarte varias veces a la semana de cómo va evolucionando. Con este ejercicio intento prevenir que tu hijo se encierre en sí mismo y evite contarte las cosas porque creer que tú no estás enterado de nada y no lo comprenderás. Un padre que no se interesa por el funcionamiento de su hijo más que para ver sus notas y juzgarle a final del trimestre, implica un hijo con más probabilidades de fracaso escolar.

– Siéntate con tu hijo para negociar, con tranquilidad y tiempo, hasta llegar a plantearunos objetivos realistas en cuanto a sus estudios. Si le está yendo mal en muchas asignaturas, no puedes pretender que el objetivo sea aprobarlas todas y con buena nota, ni aunque le prometas el oro y el moro si lo hace. Es importante trabajar con metas concretas y accesibles, realistas a la hora de cumplirlas. Es útil establecer un premio para cada una de esas metas cuando se consigan. Es preferible que esos refuerzos no sean principalmente de cosas materiales, sino más bien experiencias o permisos. ¡Y cuidado con los castigos! Mejor no los utilices si no tienes claro cómo hacerlo.

– Ayúdale a elaborarse un horario organizado de trabajo, una planificación con todos los días de la semana y todas las horas del día, anotando qué va a hacer en cada una de ellas, ya sea colegio, actividad extraescolar, deberes (especificar qué asignaturas trabajará en cada momento), descansos y otras actividades obligatorias o de ocio. Este horario no ha de ser rígido, porque en ocasiones resulta imposible cumplirlo y hay que remodelarlo. Aun sabiendo que el horario es flexible y puede ser modificado puntualmente, la propuesta es seguirlo lo máximo posible. ¿Qué tal si te elaboras tú también un horario de las horas que estés en casa y os proponéis cumplirlo juntos, cada uno el suyo? Siempre decimos que la mejor forma de enseñar es el ejemplo; si le pedimos a nuestros hijos que cumplan algo, nosotros hemos de ser los primeros capaces de cumplirlo…

Despierta-en-el-la-pasión-por-aprender– Haz todo lo posible para que tu hijo no asocie los estudios y los deberes a una obligación desagradable, riñas, discusiones y gritos… de esa manera es normal que se convierta en un suplicio y lo evite al máximo. Procura que el momento de hacer los deberes o estudiar sea un momento más del día, agradable y reforzante para él. Los comentarios positivos cuando ves que se está esforzando (más allá de los resultados obtenidos) ayudan muchísimo a que se sienta orgulloso y motivado. Si ves que tu hijo lo acepta bien, puedes ponerte cerca de él mientras estudia a hacer alguna actividad tranquila como leer un libro o trabajar desde casa. Puede que esta compañía le resulte agradable (siempre respetuosa y en silencio, cada uno con sus cosas sin distraerse) y le motive compartir ese momento  con un adulto. Déjale claro que no lo haces para controlarle, sino porque te agrada estar junto a él.

– Reflexiona con tu hijo sobre su futuro: ¿Qué quiere ser de mayor? ¿Dónde quiere llegar a nivel profesional? Conteste lo que conteste, respeta y apoya. Intenta no reflejar en él tus deseos personales. Tener objetivos a largo plazo y relacionarlos con las decisiones presentes puede ayudar al niño a motivarse. Trabaja también con los objetivos a corto plazo. Para ello podéis hacer un ejercicio: Elabora una lista de “Beneficios de no estudiar” / “Problemas de no estudiar”, y lo mismo con “Beneficios de estudiar” / “Problemas de estudiar”. Éste es un ejercicio de reflexión donde el niño puede descubrir que las ventajas de estudiar son más que las de no estudiar, aunque sea difícil ponerse a ello. Es importante que sea él quien reflexione; ¡No le completes tú mismo el ejercicio ni le digas lo que tiene que poner! Tú ya te sabes de memoria las razones; no se trata de otro sermón paterno. Ten paciencia y espera que él las vaya deduciendo. Si no lo hace por sí mismo, no sirve.

– Olvídate de frases comparativas del estilo “yo a tu edad…”o “mira tu hermano…”. Estas frases no tienen ningún efecto positivo sobre el niño: más bien al contrario; producen una actitud desafiante y negativa, un rebote con ansias de decir “yo soy diferente”. Teniendo en cuenta que tus hijos están en proceso de consolidación de su propia identidad, hay que darse cuenta que están buscando ser ellos mismos… ¿Puede que el fracaso escolar sea un intento de diferenciarse, de no parecerse a su hermano al que tan bien le va en todo y al que no se cree capaz de superar? En todo caso, las comparaciones son odiosas: pueden dañar su autoestima y hacer que todo acabe complicándose más.

Atento por si hay otras razones detrás

Para acabar, ten en cuenta que existe la posibilidad de que la desmotivación de tu hijo con los estudios no sea el problema en sí, sino sólo un síntoma de una causa más profunda. A veces, el bajo rendimiento académico funciona como una sirena escandalosa que nos da la señal de alarma: algo está ocurriendo en ese joven. ¿Qué cambios han ocurrido recientemente en su vida que hayan podido afectarle, ya sea en el ámbito escolar o en cualquier otro? No siempre encontrar la causa es la solución, pero sí nos ayuda a comprender y a centrar el foco. En este tipo de casos es recomendable acudir a un psicólogo infantojuvenil que ayude a resolver la raíz del problema y, cuando éste ha mejorado, la desmotivación en los estudios se suele reequilibrar.

¡Ayuda a tu hijo a comprender que estudiando no te está haciendo un favor a ti, sino a sí mismo!