El Mundial cerrará un mes las escuelas en Brasil

PREOCUPACIÓN EN EL PROFESORADO

El Mundial alejará de las aulas a más de 45 millones de alumnos en todo Brasil

Escuelas cerradas por vacaciones especiales durante un mes. Porque lo dice la FIFA y porque nadie le tose a la autoridad futbolística por excelencia. Desde el 12 de junio y hasta el 13 de julio, los 45 millones de alumnos de las escuelas públicas de todo Brasil se irán de vacaciones para poderse sumar a la fiesta del fútbol. En el medio del invierno, sin una real necesidad y sin una explicación que convenza a los 2,3 millones de profesores brasileños, que en el último año han protagonizado varias huelgas, con las que intentan reclamar mejoras salariales.

Esta pausa prolongada ha sido establecida por la ‘Lei General da Copa’, nada más y nada menos. Es la famosa ley nº 12.663/2012, porque en Brasil, al igual que en Italia, tienen la costumbre de citar las leyes por su número de publicación en lo que equivale al BOE. Según la norma, aprobada en 2012, el calendario escolar de todo el país tiene que ajustarse al periodo del Mundial de Fútbol, aunque el Consejo Nacional de Educación otorga autonomía a las escuelas para que alteren el calendario de la forma que consideren oportuna, respetando el mínimo de 200 días lectivos y de 800 horas por año, previsto por la Ley de Directrices y Bases de la Educación Nacional.

Al final, tanto las escuelas municipales como las estatales han optado por cerrar las puertas durante un mes. La razón de esta medida es garantizar una buena ‘movilidad urbana’ en las 12 ciudades donde se jugarán los partidos. Dicho sea de otra forma, para quitar a la gente de la calle, evitar atascos, huelgas, protestas y cualquier tipo de disturbio que pueda entorpecer la llegada de los jugadores a los estadios. Y todo con un único objetivo: ‘the show must go on’, pase lo que pase y le pese a quien le pese. El estado de excepción llega a tal nivel que en Río de Janeiro los trabajadores tendrán vacaciones extra los días en que hay partido.

Sin embargo, nadie se explica por qué también cierran las escuelas de los 5.558 municipios de Brasil que no son sede oficial del Mundial. La directora del colegio Gustavo Campos da Silveira, en Saquarema, un municipio del litoral a 100 kilómetros de Río de Janeiro, no se resigna a la idea. “Es un disparate. Los niños van a quedarse un mes en la calle, tonteando y sin control, mientras sus padres trabajan. Y lo peor es que no hay necesidad, porque el Mundial no pasa ni de lejos por Saquarema. Los 11 sábados lectivos que tenemos para suplir a esta situación no sirven realmente para recuperar lo que vamos a perder. Es un despropósito en toda regla”, asegura Fátima.

Hasta los alumnos comparten esta opinión. Gabrielle, estudiante del noveno año en este mismo centro educativo, cree que este intervalo forzoso puede perjudicar el ritmo de los estudios. “Se nos van a quedar muchas cosas fuera del programa y tendremos que empollar más durante el resto del año para intentar recuperar el tiempo perdido”, explica.

Los profesores tampoco apoyan esta iniciativa. “Es un desastre para todos”, dice Josélia, profesora de Matemáticas. “Vamos a pagar las consecuencias de este parón en el medio del año”, añade Paula, docente de Lengua Portuguesa. Estas vacaciones especiales, junto a los días lectivos perdidos hasta la fecha por causa de las huelgas de los educadores, amenazan el año escolar de miles de alumnos.

Manuel Lucas, profesor de Matemática en la escuela Castelo Branco, también en Saquarema, explica que los centros educativos de Brasil viven un estado de emergencia permanente. “Si ganas una oposición en Saquarema y vives en Río, terminas renunciando a tu plaza porque no puedes gastar 50 reales (16,5 euros) al día para ir y volver de autobús. El sueldo de los profesores recién entrados en carrera es de 900 reas (unos 300 euros), así que no compensa viajar a diario, ni alquilar una casa en el municipio. Por eso las plazas quedan desiertas y las escuelas tienen que contratar a profesores privados para llenar el cupo docente”, declara.

A sus 61 años, Manuel Lucas tiene que trabajar en tres escuelas diferentes para juntar un sueldo de mileurista. Cada salario no sobrepasa los 400 euros mensuales (1.200 reales). Tres veces por semana, tiene que desplazarse en bus de Saquarema hasta la Baixada Fluminense, la periferia norte de Río de Janeiro. “Tardo entre cuatro y cinco horas, llego en casa a las 22.00 horas y todavía tengo que corregir las tareas, una ocupación a la que dedico las únicas dos mañanas libres que tengo por semana. No me queda más remedio para poder llegar a fin de mes, pero reconozco que jamás se me ocurrió cambiar de profesión. Amo lo que hago, el contacto con los adolescentes, la labor educativa que desempeño. Eso sí, sería un sueño poderme dedicar sólo a una escuela”, cuenta emocionado.

Un estudio del Instituto de Pesquisa Económica Aplicada (Ipea) muestra que en Brasil uno de cada cuatro profesores que trabaja en centros públicos es precario. El Ipea considera esa precarización de los contratos de trabajo en la red pública como “el problema principal” del sistema educativo brasileño. Los profesores no titulares ganan menos, gozan de escasa seguridad jurídica y no tienen derecho, por ejemplo, a la asistencia médica. Además, este estado de emergencia constante genera una enorme movilidad en el cuerpo docente, lo que dificulta la implementación de políticas educativas estables a medio y largo plazo.

Conseguir una educación de calidad es una de las grandes reivindicaciones de los manifestantes que un día sí y otro también ocupan las calles de las principales ciudades de Brasil con pancartas en contra del Mundial.También lo es para los miles de profesores que llevan todo el año alternado huelgas y protestas. En São Paulo, la ciudad más populosa de Brasil, con casi 19 millones de habitantes, los docentes han dejado sin clases a sus alumnos durante 41 interminables días, mientras que en Río acaban de votar por seguir con las huelgas.

Para el profesor Manuel Lucas, mejorar la educación es un reto urgente porque el desempeño escolar deja mucho que desear. “Hoy muchos alumnosson alfabetos funcionales, incapaces de hacer cualquier interpretación de los textos que leen”, afirma. La culpa, según él, la tiene la tecnología aplicada de forma errada. “Ya lo dijo Einstein: el hombre va a volverse un idiota delante de las máquinas”, agrega Manuel.

Las vacaciones excepcionales impuestas por el Mundial no ayudarán a perfeccionar un sistema educativo que a los ojos de todos resulta precario y carente. Pero el ‘efecto tsunami’ de la ‘Copa do Mundo’ es arrasador. Incluso la fiesta de los enamorados, que en Brasil se celebra habitualmente el 12 de junio, será adelantada al 11, para no coincidir con el partido inaugural en São Paulo. En la televisión, una famosa marca de cerveza, que ‘casualmente’ tiene la exclusiva para vender sus productos dentro de los estadios del Mundial, está haciendo campaña a favor del cambio de fecha con un anuncio ad hoc.

La FIFA, incluso, ha intentado prohibir las famosas ‘festas juninas’, que se celebran sobre todo en el Nordeste en honor a San Juan, para que no resten protagonismo al evento deportivo. Pero el folclore y la tradición han podido más que el fútbol. El Gobierno de Bahía se ha plantado y ha avisado que habrá ‘festas juninas’ y por todo lo alto.

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